17/09/2004 - Peru
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La explotacion democratizada: trabajadoras del hogar
Por: Javier Garvich (Fecha publicación:16/09/2004)
Estas ideas han venido a mi mente mientras leía el estudio de Keira Cohen La salud : Derecho violado (Asociación Grupo de Trabajo Redes, Lima 2004). Un estudio sobre cómo los derechos laborales en general -y los de salud en particular- son ficticios para la inmensa mayoría de las trabajadoras del hogar de Lima. El trabajo doméstico en el Perú hace tiempo que dejó de ser un usufructo de familias pudientes, ahora familias de clase media y de bajos ingresos también 'contratan' estos servicios, pero lejos de mejorar el mercado de trabajo, han degradado los niveles de dignidad laboral y ciudadanía.
Si en Europa los niveles de riqueza han potenciado movimientos sociales y políticas de gobierno para que se redistribuyan los beneficios hacia todos los ciudadanos ; en el Perú, los niveles de miseria han terminado envileciendo al grueso de la sociedad y democratizando la explotación y la desdicha.
No solo crece la abundancia de menores de edad (incluso de menores de 14 años, lo que vulnera la ley) sirviendo de lavaplatos, barrenderas o niñeras. Casi la totalidad de empleadas del hogar carecen de seguro social y, de tenerlo, lo pagan exclusivamente ellas. Las trabajadoras del hogar trabajan casi diez horas diarias, sus horas de sueño son ridículas, buena parte de sus accidentes laborales se los costean ellas haciendo uso de remedios caseros, aguantan en silencio dolencias crónicas propias del régimen laboral en que se encuentran, no sólo suelen ser víctimas de abusos físicos -propios de un país donde todos tenemos la mano muy larga y muy rápida- sino que padecen depresiones, caídas en picado de autoestima y profundas crisis de personalidad. Padecimientos que en el Perú aún se creen propios sólo de pitucos e intelectuales.
Capítulo aparte son los problemas de salud reproductiva, asunto inmencionable en esta sociedad de beatos, hipócritas y donde la doble moral es uno de nuestros grandes deportes nacionales. La mayoría de las trabajadoras del hogar están confundidas y desinformadas respecto a la sexualidad. No solo desconocen todo lo relacionado a las técnicas anticonceptivas, hablamos de cosas tan habituales como la menstruación (la estupefacción de la Carrie de Brian de Palma es algo masivo y democrático en este Perú del siglo XXI). Por ende, no es de extrañar que el embarazo prematuro y la madre adolescente sigan siendo tan frecuentes entre nosotros.
Esta triste realidad no es privativa de las mansiones de Lima. Hoy la explotación de las trabajadoras del hogar se ha democratizado. Hoy tenemos niños de diez años cuidando bebés y quinceañeras lavando ropa en San Juan de Miraflores, Puente Piedra o Independencia. La informalidad es tal que son invisibles a cualquier censo. Y, como el Garabombo de las novelas de Scorza, nadie las ve, nadie las escucha, nadie las ayuda. La vieja solidaridad de las sociedades andinas y los sindicatos de los ochenta ha dado paso a un individualismo ramplón y cruel entre hermanos. Ese hiato quizá sea la peor herencia del fujimorismo.
Me escriben de España. Una paisana trabaja en el servicio doméstico de una familia de ingenieros. Gana casi mil dólares, tiene día y medio de libranza, acaba de regularizar su situación y ya puede hacerse ver sus dientes en la Seguridad Social. Se ha ido con sus patrones a veranear a Mallorca. Se queja del duro trabajo. Yo le digo que no se queje. Que desde el Perú, todos en silencio la envidiamos.
Fonte: Argen Press
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